Nephilim (El Caído) ![]()
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Una raza antigua mencionada en los evangelios de Enoch, en el capítulo 6 del Génesis puede leerse: Los descendientes de Set se descarriaron y se casaron con las "Hijas de los hombres" basando su elección sólo en la apariencia, estos matrimonios dieron a luz los híbridos Nephilim descendientes de Ángeles y mortales, estos demonios que invadieron la tierra tenían cuerpos angélicos y capacidades para tener relaciones sexuales con mujeres, el resultado fue una lucha Satánica para destruir a la humanidad, todo esto sucedió antes de la descripción del Diluvio y Sodoma y Gomorra. Debe además señalarse que la palabra hebrea Nephilim es traducida por Gigantes y significa "Los Caídos", Esta es una extensión dramatizada de la creencia común de que eran "Ángeles Caídos", y esto es lo que Eckhardt pretende de nuevo despertar para gobernar el mundo y lograr su inmortalidad.
Ángeles Caídos ¿Qué sucede cuando un ángel desciende del cielo asume una existencia terrenal? Un desastre. El Midrash [1] cuenta que en los años previos al Diluvio, cuando el crimen y la promiscuidad saturaban la tierra, dos ángeles, Shamjazi y Azael, suplicaron ante el Omnipotente: "¡Permítenos morar entre los humanos, y santificaremos Tu Nombre!" Pero tan pronto ambos seres celestiales entraron en contacto con el mundo material, también se corrompieron. Es de estos ángeles caídos, y sus descendientes, de quienes habla la Torá cuando dice que "había Nephilím ["caídos" y "gigantes"] sobre la tierra en esos días... los hombres supremos tomaron mujeres mortales, quienes les dieron hijos; estos fueron los poderosos hombres de antaño, quienes derribaron el mundo" [2]. Los misioneros celestiales, que vinieron para redimir a la humanidad de la maldad terrenal, cayeron, ellos mismos, presa de sus tentaciones -no estaban por encima de robar novias de debajo del palio nupcial [3]- y jugaron un rol principal en el desmoronamiento y la destrucción de su sociedad adoptiva. Gigantes en Tierra Santa
Sólo dos de los espías -Calev de la tribu de Iehudá, y Iehoshúa de la de Efráim- insistieron en que los judíos deben, y pueden, proceder con el imperativo Divino de entrar a la tierra. Si DIOS nos redimió de Egipto, exclamó Calev, si El partió el Iam Suf para nosotros, si El hizo llover maná desde los cielos para mantenernos, ¿puede verse impedido por fortalezas y gigantes? Si El nos ordenó tomar y colonizar la tierra, triunfaremos [5]. En este momento, los diez espías dieron su golpe de gracia: "No. No triunfaremos... Es una tierra que consume a sus colonizadores... Vimos allí a los Nephilím, los descendientes de los gigantes, los caídos" [6]. Idilio de Desierto Estos diez hombres, todos líderes de Israel, no dudaron de la capacidad de DIOS de realizar milagros. Con Su palabra mares se parten, fortalezas se desmoronan y gigantes huían aterrados. Dudaron de su propia capacidad de sobrevivir como pueblo terrenal. Por más de un año ahora, habían vivido una existencia totalmente espiritual. Pan del cielo los mantenía y una roca milagrosa producía su agua; "nubes de gloria" los protegían del calor, el frío, las flechas enemigas y los escorpiones, y orientaban y allanaban su camino por el desierto. Libres de toda preocupación material, se sumergieron en la sabiduría Divina recientemente revelada a ellos en la Torá. Ahora, se les estaba pidiendo que dejaran atrás su paradisíaco desierto, adiestraran un ejército y poblaran la tierra, para obtener pan terrenal de su suelo mundano. ¿Y con quién se encuentran allí, en esta tierra de leche y miel materiales, sino con los ángeles caídos, ángeles que sobrevivieron el Diluvio pero no sobrevivió la tierra? Es una tierra que consume a sus colonizadores, argumentan los diez espías. Si estos seres celestiales no pudieron sobrevivir la zambullida en la mundanalidad, ¿qué puede esperarse de nosotros, mortales y frágiles hombres?
Pero los hombres no son ángeles. Totalmente espíritu, el ángel se disuelve al contacto con la tierra. Pero el ser humano, cincelado de espíritu y materia, es una síntesis de lo celestial y lo animal; el hombre está facultado para hacer cielo en la tierra, para hacer de "santa" un adjetivo para "tierra". El hombre, no el ángel supremo, es la corona y ápice de la creación de DIOS. Es él quien concreta el propósito de DIOS en la creación, el deseo Divino de "una morada abajo"[7]. "El deseo de DIOS está con nosotros", dijeron Iehoshúa y Calev al pueblo[8]. Es para servir al deseo Divino -el deseo que es fuente y esencia de la creación- que El nos ha hecho de la tierra, y nos ha dado esta tierra. Pues somos nosotros quienes poseemos la capacidad de domesticar la tierra material y construir de ella una morada para DIOS, una morada receptiva a Su presencia. Fuente: kehot-lubavitch.com.ar ©AnaCroft - Prohibido copiar total o parcial esta pagina, sin el consentimiento de los autores. |